Cuando ya estuvimos instalados en nuestra nueva-vieja casa empezó la aventura de adentrarse en el sótano, y rebuscar cosas que sirvieran entre las toneladas de trastos que había. En un rincón había 2 bahules, casi podridos, y al abrirlos apareció alguna que otra antigüedad.
Entre todo eso había un cristo, que aunque no soy demasiado creyente ni lo colgaría en mi casa, me mereceió la pena mirárlo 2 veces.
